domingo, 14 de noviembre de 2010

NUESTRA RUTINA SIN RUTINA



Tomé el poema de la rutina y lo puse en prosa, para publicarlo en el diario del Itsmo, de Coatzacoalcos. Así quedo:

Esa rutina de todos los días, que pensándolo bien, no es de todos los días, si acaso, solo de lunes a viernes, porque sábado y domingo hay espacio para las sorpresas y las pequeñas locuras.

Despertar y verte dormir a mi lado tu sueño tranquilo. Con la seguridad de que estoy aquí a tu lado. Mientras sueñas o a veces sin soñar, pasan los minutos mirándote dormir, de una forma diferente cada vez, incluso hay días que pareces sonreír entre sueños.

Te despierto o me despiertas con un beso nuevo cada día. Hasta los días en que no estás tu beso me despierta, mi beso te despierta a ti, sin importar la distancia. Esto de la tecnología y los celulares es una maravilla. Hasta el mensaje de rutina se recibe de forma diferente: buen dia, te quiero, te extraño, besos, caritas, etc…

Unas veces si y otras no, en esa rutina desorganizada, nos bañamos juntos o no.
Cuando nos bañamos juntos, tú me tallas, yo te enjabono, o no. Porque a veces no bañamos juntos pero respetando cada quien el bañarse del otro.

A veces hablamos, nos reímos, hacemos los planes de rutina que quedan húmedos, jabonosos, pero al final relucientes, casi diría que rechinando de limpios.

Cuando nos vestimos la rutina nos sigue paso a paso. A veces nos vestimos despacio como si fuera domingo o día de fiesta. A veces apurados, con esa prisa
que también cambia cada mañana.

Tus sonrisas, tus gestos, los movimientos de tus manos, son nuevos a pesar de ser los mismos.

Seguimos con la rutina del desayuno que no es siempre igual, que se repite de una forma nueva, tan diferente a veces. Después de todo es otro jugo, otra fruta, otro café, otro pan, otros huevos, otra salsa, otro sabor si no en lo general, si en el detalle. Hasta el café sabe diferente.

Cuando estamos listos para salir, la rutina sigue. ¿Dónde deje mis llaves? ¿Dónde están las tuyas? Nos despedimos con los besos de rutina que también son nuevos, diferentes, aunque el amor es el mismo.

Ese amor que compartimos día a día, como siempre, lo compartimos mucho o poco o demasiado. Es un amor que cada día se siente diferente, que vivimos diferente.

Esta rutina es un fantasma. Y como todos los fantasmas, no existe. Pero igual, hay gente que habla de ella que inventa historias y juraría que la ha visto. Es nuestra actitud, nuestra forma de crear pensamientos, lo que origina que las cosas cotidianas parezcan una rutina sin serlo realmente.

Depende más de nuestro estado de ánimo o nuestra actitud.

Aunque nos parece una repetición de las mismas cosas, cuando nos detenemos a observar los detalles, nos damos cuenta de que en realidad tiene tantas cosas diferentes, que en realidad no es rutina.

Sin embargo, existe otra rutina, que es la repetición de las pequeñas cosas
con las que vivimos el día a día, que las hacemos sin pensar y que prácticamente ni las notamos, de tan comunes y perfectas.

Es una serie de pequeñas rutinas que trabajan para nosotros, sin necesidad de pensarse, en automático y en armonía con nuestra pequeñas necesidades. Y que es tan útil, tan indispensable, que nos da seguridad y confianza.

Que lo mismo sirve para bañarse, cepillarse los dientes, para peinarse o vestirse, para tomar el café de las mañanas.

Todas esas cosas que no necesitamos pensar, para las que nuestra maravillosa mente ha creado pequeños programitas que se repiten sin darnos cuenta.

Esa es la rutina que nos ayuda, que nos salva, la que facilita nuestra vida.

Forma parte de nuestros hábitos, de nuestra forma de vida.
Pero, cosa curiosa, de ésta nadie habla, nadie se queja, nadie se aburre.

viernes, 22 de octubre de 2010

PARA ESTAR JUNTOS


Si nuestra relación se inició con muchas suposiciones, con muchas creencias de lo que tenía que ser, con muchas expectativas – muchas veces imaginarias, sin un fundamento real – seguramente esas expectativas no se han cumplido, en algunos casos de manera parcial, en otros de manera total.

Sin embargo, la realidad es que en este momento, en este presente que es el único tiempo que realmente tenemos, estamos juntos y podemos replantear como queremos que sea nuestra relación. La forma en que nos gustaría que fuera esa parte de nuestra vida en la que convivimos en pareja, independientemente de las actividades que hace cada uno por separado.

En este punto, la forma de decir las cosas es muy importante. Podemos decir lo mismo, de diferente manera; como dicen, en la forma de pedir está el dar.

Podemos evitar los reproches. Los reproches descalifican al otro y si generalizamos usando palabras como “nunca” o “siempre”, descalificamos incluso las ocasiones en que si ha tenido la consideración, el respeto, la comunicación, la solidaridad, la empatía, el amor, todo eso que esperamos de la persona que elegimos como pareja. Esta forma de descalificar, pone a la otra persona a la defensiva y es común que se generen resentimientos.

Podemos evitar ponernos histéricos e históricos. Planteamos lo que queremos de una forma positiva, con una actitud relajada, más que un esfuerzo o sacrificio del otro, lo que buscamos es una forma de mejorar la relación. En la parte histórica, necesitamos tener claro que lo pasado ya no se puede cambiar; el cambio es a partir de este momento y en adelante.

Podemos elegir las cosas que son más importantes para nosotros. Digamos que el 20% de las situaciones, genera el 80% de los desacuerdos. Si resolvemos este 20% de las situaciones, podemos eliminar el 80% de los desacuerdos, de las discusiones, de las peleas y por lo tanto, el resentimiento deja de acumularse y es más fácil hacer recuperar la relación.

Mi propuesta, a manera de ejemplo, de cómo podría ser una relación de pareja en donde los dos participamos de manera positiva, con el objetivo de disfrutar ese tiempo que pasamos juntos. Recordemos que antes del sexo y después del sexo, sigue existiendo una relación de dos personas que están buscando la mejor manera de convivir juntos, dos personas que siguen siendo individuos, entes emocionales, personas únicas, diferentes al resto de la humanidad.

El ejemplo: Estamos juntos, pero seguimos siendo personas individuales, independientes. Tú tienes siempre la libertad de hacer lo que tú quieres hacer o de ir a donde tu deseas ir.

El amor es una cuestión de querer y estamos juntos porque tu quieres estar conmigo y yo quiero estar contigo.

Poco a poco estamos haciendo los espacios para estar juntos, para compartir momentos y cosas, para estar solos. Podemos ir a pasear o quedarnos a ver una película, tomar un helado y caminar juntos en algún parque o en alguna avenida.

Aprendemos a tocarnos poco a poco, a reconocernos con las yemas de los dedos, con los ojos cerrados unas veces y con los ojos abiertos otras. Nos damos el tiempo para conocer cada detalle uno del otro, hasta sabernos de memoria.

De esta forma aprendemos la respuesta a cada pequeña caricia y armamos una sinfonía de sensaciones.

Buscamos atardeceres hermosos, nos recostamos para descifrar las figuras que forman las nueves en el cielo y en la noche, miramos con ojos de niño las miríadas de estrellas que cuelgan de la oscuridad en las noches despejadas.

Tomamos café por las mañanas y lo endulzamos con besos. Vamos al cine aunque no veamos la película completa.

Si algún día estas triste, yo estaré contigo para abrazarte o te daré el espacio y el tiempo que tu necesites para estar sola, pero siempre estaré al alcance de tu llamada.

Te contaré chistes o nos reiremos de tonterías. Nos regalaremos sonrisas y miradas llenas de amorosas complicidades.

Escribiremos sobre nuestra experiencia, sobre nuestro aprendizaje, de cómo ser una pareja con amor, con respeto a la individualidad y a la libertad de cada uno.

Tú me regalarás algo útil y yo te regalaré algo hermoso, envuelto para regalo, con una linda tarjeta que dirá cuanto te amo.

Dedicaremos tiempo para escuchar música, para cantarnos las canciones que más nos gustan, sin importar si entonamos o si desafinamos, solo importa que nos queremos.

Dedicaremos tiempo para aprender a bailar y bailaremos abrazados, en medio de una multitud o en la privacidad más completa.

En los viajes largos nos turnaremos para manejar.

Nos haremos compañía y podremos estar hablando sin parar durante horas o quedarnos en silencio, en ese silencio compartido que no necesita de palabras.

Hasta aquí el ejemplo. Ahora, piensa un poco: ¿Qué te gustaría tener en tu relación de pareja?.

Podemos ir logrando cambios y acuerdos uno por uno. No es fácil, pero es posible.

Que tengas un gran día.

sábado, 9 de octubre de 2010

Reflexiones sobre la naturaleza de la confianza

La confianza es la creencia de que las personas o grupos de personas con las que tratamos, van a actuar de cierta manera, generalmente en forma positiva, conforme a nuestras expectativas.

La confianza se gana o se pierde, a partir de las experiencias que confirman nuestras expectativas, o cuando esas expectativas no se cumplen o se cumplen de manera parcial.

Generalmente se trata de comportamientos esperados en el futuro, que puede darse en la siguiente hora o en los siguientes años. Las expectativas que creamos tienen que ver con nuestras creencias – lo que aprendimos de cómo deben ser las cosas - , así como con las experiencias previas. Las buenas experiencias refuerzan la confianza, las malas la destruyen y generan desconfianza. Esa desconfianza se alimenta de la inseguridad y del miedo que nos generaron las malas experiencias.

A lo largo de nuestras vidas, aprendemos que podemos confiar en nuestra familia, en nuestros amigos – en ambos casos suele haber excepciones. También aprendimos a no confiar en los extraños y a tener miedo de esas personas.

Confiar, es decir, tener confianza nos da seguridad, certidumbre, tranquilidad.

Cuando nuestras expectativas no se cumplen y la gente no se comporta o no hace lo que esperamos, nos sentimos lastimados. La incertidumbre sobre el comportamiento futuro de esas personas genera miedo, inseguridad y por lo tanto desconfianza.

Cuando éramos bebes, la seguridad y confianza estuvo ligada a las personas que nos criaron o nos cuidaron. Son nuestras primeras experiencias las que forman nuestro concepto de confianza. Luego, nuestros hermanos, primos o amigos con los que jugamos la refuerzan o debilitan, según sean las experiencias que tenemos con ellos. Aprendemos a valorar el comportamiento de las personas y a confiar en ellos.

Cuando crecemos e interactuamos con otras personas, como en la escuela, la confianza o desconfianza, tiene como soporte, el cumplimiento de las normas o reglas, que incluyen la expectativa de unos comportamientos éticos de las personas, tanto niños como adultos. La confianza está ligada a valores tan importantes como el respecto y la honestidad.

Los elementos que dañan la confianza son la mentira, el engaño, la simulación, la hipocresía, entre otras. Su principal característica es la falta de honestidad en el comportamiento de las personas.

Cuando identificamos esas características, sabemos que no podemos confiar en esas personas y que no sabemos lo que podemos esperar de su comportamiento.

Esto genera miedo e inseguridad y tratamos de protegernos para no ser lastimados, decepcionados, engañados o defraudados.

En el libro “Conversaciones con Dios”, Neale Donald explica que nuestros actos pueden generarse a partir de dos fuerzas contrarias y excluyentes entres si: el miedo y el amor.

El miedo que genera la desconfianza, nos hace estar tensos, alertas, en prevención de los comportamientos que nos pueden hacer daño; si la desconfianza es sobre personas específicas, tratamos de protegernos de los actos de estas personas; pero si el miedo es general, nos tratamos de proteger de todo mundo y vivimos con un alto nivel de estrés.

Cuando el miedo es muy grande, puede generar reacciones tan fuertes como la violencia verbal o la agresión física.

Otro comportamiento generado por el miedo es el aislamiento, tratamos de protegernos, de estar cubiertos, de meternos en una concha o caparazón para que nadie nos lastime.

La otra fuerza que nos mueve es el amor. El amor genera confianza y seguridad; pero la confianza no puede ser general o totalmente ciega; el amor nos da la oportunidad de confiar en las personas que amamos y de valorar el comportamiento de las demás personas, para determinar si podemos o no confiar en ellos.

Una de las enseñanzas más hermosas de este libro es la siguiente. Neal explica que cuando tomamos decisiones, lo podemos hacer desde el miedo o desde el amor. La pregunta vital es ¿en este caso, que haría el amor?

El amor basado en la confianza, o la confianza basada en el amor.

Recordemos que el amor nace de nuestro interior y para hacerlo crecer y poder compartirlo con otros, es indispensable resolver el conflicto con nuestro yo interno, el conflicto con nosotros mismos.

Con amor, muchos de nuestros miedos aprendidos van desapareciendo. El amor, no solo reflejado en nuestras palabras, sino plasmado en nuestras verdaderas intenciones y en nuestros actos.

Por eso, aprender a amarnos a nosotros mismo, aceptarnos a nosotros mismos, para darnos cuenta de que somos la persona más importante del mundo para nosotros mismos y así debemos tratarnos. Darnos cuenta de que en este momento, en el presente somos lo mejor que podemos ser y que a partir de hoy, podemos cambiar y mejorar lo que nosotros decidamos.

Cuando nuestros miedos son muy grandes, cualquier expectativa que no se cumple, genera desconfianza y refuerza el miedo. Los miedos se convierten en enormes cadenas mentales que te detienen, te amarran y no te permiten avanzar hacia donde quieres.

En muchos casos, cuando las heridas emocionales son muy profundas y el miedo está muy arraigado en nuestro interior, podemos buscar ayuda externa. Tomar una terapia o participar en grupos de autoayuda, puede ser una herramienta importante para dejar atrás las malas experiencias.

Con el tiempo y el amor, aprendemos a reconocer, a diferenciar a las personas en las que podemos confiar y en las que no podemos confiar.

sábado, 31 de julio de 2010

La disciplina en tu vida


"Deja que la disciplina se encargue de las pequeñas cosas que no te agradan.....
y puedas dedicar tu vida a hacer las grandes cosas que si te gustan."

(Del libro: "Sea feliz ya!" de Andrew Mathew.)

Generalmente asociamos el concepto de disciplina con el castigo por un mal comportamiento o con la imposición de reglas muy duras, que implican sanciones o castigos fuertes. Esto lo hemos visto en películas y programas de tv, generalmente relacionados con el entrenamiento de personal del ejército.

Sin embargo, la definición de disciplina tiene varias acepciones, que son:

  1. El conjunto de normas, que ordena y organiza el comportamiento y la conducta del ser humano.
  2. Disciplina escolar: las regulaciones en una escuela para mantener el orden y garantizar la educación de los estudiantes.
  3. Disciplina científica: la rama de una ciencia determinada.
  4. Disciplinante: persona que se flagela públicamente la espalda.

Considerando las dos primeras acepciones, nos ubicamos en el concepto siguiente: "Etimológicamente, disciplina hace referencia a la instrucción dada a un discípulo, acepción que preserva el sentido de la palabra original en latín (instrucción) cuya raíz discere significa aprender." La disciplina es la enseñanza, no el escarmiento o castigo.

Es decir, enseñar disciplina a los niños - o incluso a los jóvenes y adultos – debe tener un enfoque formativo más que correctivo. Lo que queremos es que los niños – o jóvenes en su caso – formen buenos hábitos que les sirvan para mantener su salud, desarrollar bien sus deberes – escuela o trabajo -, organizar sus actividades, mantener orden en sus cosas, etcétera, pero con un enfoque de responsabilidad, más que de imposición.

Es importante recordar que la educación de los niños cambió radicalmente. A muchos adultos nos toco tener padres que eran figuras de autoridad y que nos educaron con reglas estrictas que no se podían cuestionar y mucho menos discutir. En la actualidad, muchos padres no saben cómo enseñar disciplina a sus hijos y muchas veces tienen miedo de causarle traumas y dañar su futuro al tratar de educarlos, lo que los deja expuestos al chantaje y las imposiciones de los hijos, que muchas veces llega incluso a faltas de respeto y consideración, lo cual debe ser inaceptable.

Los niños pequeños aprenden más de lo que ven a su alrededor que de lo que tratamos de explicarles. Ellos siempre están observando nuestro comportamiento, nuestra forma de hacer las cosas, nuestra forma de resolver los problemas. Por lo tanto, si realmente queremos que los niños aprendan formas de comportamiento, actitudes y valores, nos toca a nosotros poner el ejemplo y practicar lo que queremos enseñar.

Si ponemos reglas sencillas y claras, pero nosotros mismos no las respetamos, ellos se dan cuenta de lo que hacemos y terminamos por confundirlos. No entienden porque los regañamos o castigamos por romper una regla, si nosotros también lo hicimos y no paso nada.

No es necesario recurrir de forma sistemática a los gritos o a la violencia para enseñar disciplina. Es cierto que hay que enseñarles a los niños que existen límites que no deben de rebasar, sobre todo cuando se trata de faltas de respeto. En estos casos una nalgada o un manazo dados a tiempo, son suficientes; claro que si encontramos la forma de hacernos entender sin llegar a este extremo, es mejor.

El concepto de disciplina positiva, está enfocado precisamente en la enseñanza de la disciplina sin violencia, a partir de un mejor entendimiento del concepto y de reglas básicas que nos pueden servir de apoyo. Entre los libros que vale la pena leer, está el de “Disciplina con amor" (Rosa Barocio).

También es muy interesante el trabajo que está realizando la Lic. Trixia Valle. De ella me gustó mucho una conferencia que impartió hace poco en Coatzacoalcos, que se llama "Educar con amor".

La disciplina, simplemente se convierte en una herramienta para educar, para apoyar la formación de buenos hábitos, que le ayuden a los niños en su desarrollo hacia la adolescencia y la edad adulta.

La disciplina en nuestra vida, la vuelve más sencilla. Una vez que tienes la disciplina formada, haces las cosas sin catalogarlas o juzgarlas, no les pones etiquetas, simplemente las haces.

Hasta las cosas más insignificantes pueden ser muy pesadas si las haces de mala gana. Si de todos modos tienes que hacerlo, hazlo con gusto. Te darás cuenta de que fácil y rápido terminas de hacerlo.

Para aquellas cosas que son rutinarias, puedes trabajar en formar el hábito de hacerlas de la manera más práctica y sencilla que encuentres. Una vez que se convierte en un hábito, lo haces sin estar analizando si te gusta o no hacerlo; ya tienes la disciplina, el hábito para hacerlo y lo llevas a cabo de forma rápida y eficiente.

Entonces, te puedes dedicar a disfrutar de aquellas cosas que si te gustan; esas cosas que te permiten sentir la plenitud de la vida y que te cargan la pila. Las cosas que te divierten, que disfrutas mientras las haces y te sientes totalmente satisfecho cuando las terminas.
¡Que tengas un excelente día!


domingo, 30 de mayo de 2010

EL AMOR Y EL SEXO (2)

(Nota: la primera parte de este post la puedes encontrar más abajo. -Saludos)

La propuesta de hoy es cambiar la forma en que elegimos pareja, cambiar el concepto y hacer las cosas de diferente manera.

Lo primero, es tener claro con qué tipo de persona quieres compartir tu amor y tu vida, que es lo que realmente quieres de esa persona, su carácter, sus hábitos, costumbres, ideología, forma de pensar, aspecto físico, nivel de preparación, nivel cultural, intereses en general. Recuerda que es la persona con la que esperas compartir muchos años de , tu vida, formar una pareja, tener una familia.

Elabora una lista con todas esas cualidades y características específicas que estas buscando. Una vez que sabes realmente lo que quieres, entonces te será muy sencillo encontrarlo.

Esto implica no idealizar y pensar en términos objetivos y realistas. Pensar en actitudes y aptitudes, en la convivencia, en la cooperación y en el largo plazo. Aunque esto es bastante difícil porque no lo hemos hecho antes, es más, nos han hecho creer que pensar así es de personas malas, frías y sin corazón, pero no es así. Simplemente es definir qué es lo que realmente queremos, para saber qué es lo que vamos a buscar.

Por ejemplo, si quisieras una mascota para cuidar la casa, no vas a comprar un gato, o una pareja de periquitos australianos, compras un perro. Aún mas, compras un perro grande, porque ¿Cómo esperas que un perro faldero proteja tu casa?

Otro ejemplo: si quieres un caballo de carreras, no vas a comprar un burrito o un ratón blanco. Compras un caballo de carreras, con sus cualidades y defectos, con sus beneficios y responsabilidades.

Por eso es tan importante decidir con quién quieres compartir esa parte de tu vida. Date cuenta de que si eliges un águila, no puedes esperar a que después se pase los días en el gallinero. Debemos elegir a las personas por lo que son en lugar de estar luchando para que sean como nosotros queremos.

Una vez que tengo claro que es lo que quiero, entonces ya sé que estoy buscando. No cualquier persona que se cruce en mi camino, aunque su apariencia sea atractiva, va a tener las características que estoy buscando. Cuando encuentre a una persona con las características que quiero, puedo decidir si me gusta o no. Por eso es muy importante tener la lista de lo que queremos, para poder comparar y anotar taches y palomitas.

Por supuesto que puede haber más de una persona que me guste. Los siguiente es saber si esa persona que a mí me interesa, se interesa en mi. La forma más sencilla y directa, ¡es preguntar! Si tenemos en común ese interés, ya tenemos mucho en común.

Una vez que sabemos lo que queremos, que lo encontramos, que tenemos ese interés mutuo, lo que sigue es conocer a la persona y decidir si queremos poner nuestros sentimientos en ella y compartir nuestro amor con ella. Entonces, decidimos enamorarnos y hacer crecer la relación.

Con este simple cambio, nos evitamos malos entendidos, sufrimiento innecesario, relaciones tormentosas o equivocadas, errores casi fatales y mucho tiempo perdido.

• Decidir qué es lo que realmente quieres en la persona con la que compartirás tu vida.
• Estar consciente de lo que estas buscando.
• Encontrar lo que estas buscando y decidir si esa persona te interesa.
• Saber si esa persona tiene interés en ti. La forma más sencilla y directa, ¡es preguntar!
• Si hay interés en común, darte la oportunidad de conocer a esta persona.
• Decidir si realmente quieres poner tus sentimientos en esa persona, y entonces sí, ¡enamórate hasta las chanclas!

Enamorarse es una decisión personal. No depende de la casualidad, ni de las circunstancias, ni de nada externo. Es una decisión. Esto quiere decir que somos responsables de nuestros sentimientos, que podemos decidir si los ponemos en una persona (nos enamoramos) o si los retiramos de esa persona (nos desenamoramos). Los sentimientos son nuestros y nosotros decidimos.

Desenamorarse es difícil, puede ser doloroso y requiere de tiempo. Pero depende de nosotros mismos. Al final todo termina por pasar.

Yo creo que si cambiamos la forma en que establecemos relaciones de pareja, cambiando el orden en que hacemos las cosas, nos hacemos responsables de nuestras decisiones y de nuestros sentimientos, haremos mejores elecciones y nuestra experiencia sobre el amor va a ser muy diferente.

Entonces puedes asumir la responsabilidad de tu elección, con la certeza de que estás en lo correcto. De esta forma, los dos asumimos nuestro compromiso con la relación, de forma totalmente consciente y responsable.

Entonces, si, ¡te enamoras hasta las chanclas!, pones tus sentimientos en esa persona porque has decidido compartir tu amor con ella. Cuando existe este compromiso, es muy sencillo compartir todas las demás cosas de la vida, las responsabilidades, las tareas, las actividades, las risas y hasta las lagrimas.

Lo mejor de todo es que siempre podemos elegir. ¿Cómo quieres hacer tu elección?

martes, 25 de mayo de 2010

EL AMOR Y EL SEXO, PARTE 1


El amor y el sexo son dos cosas diferentes, que no debemos confundir.

El sexo es una necesidad que todos tenemos y que la naturaleza impulsa para lograr la permanencia de las especies a través de la reproducción.

Ese es el trabajo de las hormonas. A las hormonas no les interesa si estas enamorada, si estas soltera o casada, si estás sola, si eres pobre, clase media o si tienes mucho dinero; no les importa tu religión o tus ideas políticas, tu equipo favorito o tu posición social o en el trabajo; tampoco les importa tu preferencia sexual o si eres tímida, o si ya estas lista, si ya maduraste o si la relación te conviene… en fin, las hormonas solamente hacen su trabajo y te impulsan a tener sexo con el único fin de dar continuidad a la especie, en este caso, a la especie humana.

La buena noticia es que los seres humanos tenemos la gran ventaja de que podemos decidir con quién compartimos nuestra sexualidad y cuando lo queremos hacer. Es nuestro poder y nuestra responsabilidad.

Sin embargo, no hay que olvidar que mientras estemos vivos y nuestras hormonas funcionen, todos vamos a sentir la necesidad de ejercer nuestra sexualidad. Por eso es importante no confundir las emociones y/o sensaciones que podemos sentir cuando estamos con una persona que nos gusta, que nos atrae sexualmente, con amor.

El amor, es otra cosa.

El amor está en nuestro interior, necesitamos descubrirlo y hacerlo crecer. Empieza por amarnos a nosotros mismos; esto es, que nos aceptarnos tal y como somos, no nos criticamos y nos apoyamos siempre. Podemos estar bien, en paz y tranquilos, aún cuando estemos solos.

El amor es una cuestión de querer. De que tú quieras, pero también de que la otra persona quiera. El amor se trata de compartir y para que puedas compartir algo, necesitas tener ese algo, en este caso, amor.

Solamente cuando eres capaz de amarte a ti misma, serás capaz de crear tanto amor que podrás compartirlo con la persona que tu elijas.

Este punto es fundamental: elegir a la persona adecuada, con la que queremos compartir nuestro amor, nuestra sexualidad, nuestros proyectos y planes futuros.

Por eso es importante cambiar el orden en que hacemos las cosas para elegir pareja:
En términos generales, podemos decir que actualmente lo hacemos de la siguiente manera.

  • Primero idealizamos. A veces desde la niñez, o quizá en la adolescencia, se crea una imagen de la pareja ideal; alrededor de esa imagen de perfección, se crea todo un mundo de expectativas sin fundamento, sobre la persona y sobre la relación que espera tener con esta persona.
  • Luego decidimos, casi inconscientemente, enamorarnos de alguien. Este enamoramiento nos lleva a pasar una serie de experiencias que pueden ir del éxtasis glorioso del enamoramiento correspondido, al sufrimiento y angustia del desamor o la indiferencia.
  • Luego tratamos de relacionarnos con esa persona que elegimos para enamorarnos y hacemos miles de cosas para que se fije en nosotros, para conquistarlo/la. Incluso, nos esforzamos por parecer justo lo que esa persona quiere; es decir, entramos en un juego de simulaciones, de máscaras, en donde los dos que jugamos, queremos creer lo que el otro nos quiere hacer creer.

Esto nos lleva a cometer muchos errores, porque una vez que decidimos enamorarnos, no vemos, no escuchamos, no entendemos nada que sea contrario a nuestro enamoramiento y tomamos muchas decisiones importantes que afectan nuestra vida, hasta que nos topamos con la realidad.

Otras veces, empezamos una relación de noviazgo o de pareja, porque todos nuestros amigos tienen pareja y nosotros no – digamos que para no quedar fuera del grupo, entramos al grupo de manera forzada, como con calzador.

Ya sea que se derive de un enamoramiento o de una situación circunstancial, tenemos una relación de pareja.

En la medida en que la relación avanza, e incluso, que puede irse formalizando, empezamos a sentir que la realidad no está cumpliendo con las expectativas que teníamos. ¿Será realmente la persona con la que queremos compartir esta parte de nuestra vida?

Si llegamos de esta forma al matrimonio, la realidad de la vida en pareja choca con la ilusión que construimos. Muchas veces no es que las personas cambien cuando se casan, las personas son como realmente son cuando ya están casadas.

Yo creo que por este motivo, muchas parejas llegan al divorcio. Se dan cuenta de que la pareja que eligieron no es el tipo de persona que realmente quieren. Mas que un matrimonio fracasado, podríamos pensarlo como una elección equivocada, pero ¿si no sabes que es lo que realmente quieres, como vas a elegir correctamente?

De eso platicaremos la próxima semana.

martes, 20 de abril de 2010

Feliz no cumpleaños, o la celebración del presente

¿Cómo empezaron a celebrarse los cumpleaños? ¿Quien sería el primer gobernante, rey, emperador, sumo sacerdote, o como se llamara en ese entonces, a quien le vendieron la idea de que su nacimiento había sido tan importante que debería celebrar una gran fiesta en cada cumpleaños?

La cuestión es que heredamos, digamos que aprendimos esa tradición y en la actualidad hemos convertido el día del cumpleaños en un día especial, un día para celebrar, felicitar, darle buenos deseos, muestras de afecto y regalos, a los cumpleañeros.

Pero como dicen en la historia de “Alicia en el país de las maravillas”, tenemos un solo cumpleaños al año, pero nos quedan 364 días de no cumpleaños.

Contar el tiempo empezó como una necesidad para entender los ciclos de los cultivos y otras plantas. Cuando era mejor sembrar y cuando no.

Otra aplicación, es la necesidad de la historia de tener una referencia del tiempo para ubicar los sucesos que relata y que podamos entender cómo han evolucionado los diferentes grupos humanos en diferentes culturas.

Lo importante es entender que un día es especial porque elegimos que fuera especial, nosotros decidimos hacerlo especial y de la misma forma podemos decidir que todos y cada uno de los días que podemos vivir, pueden ser especiales.

Lo principal de este cambio de concepto, es entender que solamente tenemos un día a la vez, solo tenemos el hoy, el presente. Así que si aprendemos a vivir un día a la vez, sin darle tanta importancia al pasado o al futuro, lograremos encontrar las cosas que hacen especial a cada día, sin importar si es cumpleaños, aniversario, día festivo o solamente un no cumpleaños.

No digo que sea malo celebrar o que no debamos darle importancia al día en que nacimos. Finalmente, cada uno de nosotros somos la persona más importante del universo para nosotros mismos. Sin mi no puedo vivir, sin mi no puedo hacer ni sentir absolutamente nada.

La cuestión es que pensamos que al tener un día especial, tenemos que esperar ese día especial para estar felices, para expresar lo que sentimos, para ser amables y demostrar afecto o hacer un regalo. Lo peor de todo es cuando sentimos que debemos hacer estas cosas, cuando en lugar de ser algo agradable se convierte en un compromiso.

Cada día es especial, porque cada vez que nos despertamos y abrimos los ojos para darnos cuenta de que seguimos en este mundo, es otra oportunidad para hacer cosas, para disfrutar de cosas, para participar y compartir con otras personas.

Hoy estamos aquí, en el mundo. Tenemos todas nuestras capacidades, nuestras habilidades y el poder de usarlos para aprender algo mas y para ser felices este día.
Podríamos usar el lema “un día a la vez” o “solo por hoy”, que han utilizado en los grupos de AA. La biblia dice “bástele a cada día su propio afán”.

Imagínate que el mejor de tu vida es hoy desde que te levantas, empiezas con una sonrisa ante el espejo, y tu actitud se mantiene positiva durante el mayor tiempo posible. Buscas las cosas positivas, el aprendizaje en cada experiencia.

Si en algún momento tienes que enfrentar una circunstancia desagradable o dolorosa, lo haces y lo superas. No puedes elegir las circunstancias o ser inmune a las emociones. Las emociones están ahí, son reacciones naturales de nuestro organismo.

Lo importante es que puedes decidir que una vez que la circunstancia dolorosa o difícil ya paso, no es necesario mantener o retroalimentar las emociones. Dejemos que cada día tenga sus propias experiencias y vivamos el presente de la mejor manera posible.

Imagínate que todos los días a las 10:15 de la mañana, te pones a llorar y a quejarte, porque hace 10 años o mas, te caíste y te lastimaste las rodillas. ¡si te parece exagerado, solo piensa cuantas veces le has dedicado tiempo de dolor y sufrimiento a las heridas emocionales que viviste hace mucho tiempo. ¡Es exactamente lo mismo!

Recuerda, hoy es el mejor día de tu vida, hoy tienes permiso de ser feliz, de disfrutar de todas las cosas buenas que la vida pone a tu alcance. Si hoy es tu cumpleaños, ¡perfecto! Disfrútalo, festeja, ríete, se feliz por este día. Si no, entonces ¡es tu no cumpleaños!... ¡y también te lo puedes pasar muy bien!

Regala sonrisas, abrazos, demuéstrale tu afecto a las personas que quieres. Solo por hoy date permiso de ser feliz sin una razón especial, y por cierto...

¡Feliz no cumpleaños!